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lunes, 23 de mayo de 2016

Lilith: La mujer que desafió el plan de Dios


Algunas fuentes la describen como un demonio, otras como una oscura deidad de los paganos, símbolo de la libertad y rebeldía contra un orden establecido. Lilith es una de las figuras femeninas más antiguas del mundo; de origen mesopotámico, en la tradición judía se le considera la primera esposa de Adán, anterior a Eva. Según la leyenda, se negó a obedecer los caprichos del primer hombre sobre la tierra y abandonó el Edén por propia iniciativa, desafiando así al mismísimo Yahvé.

Demonio ancestral sumerio

El nombre Lilith viene de la palabra sumeria lilitu, que significa ‘espíritu del viento’ o ‘demonio femenino’. Lilith es mencionada en la Tablilla XII del Poema de Gilgamesh, la obra épica más antigua conocida, con una antigüedad superior a los 4.000 años.

Cuentan que Inanna mando a llamar a Gilgamesh porque su sauce sagrado no daba ramas ni hojas, pues en sus raíces había anidado la serpiente que no podía ser encantada; en su tronco Lilith había creado su hogar y en su copa el pájaro Anzu se había instalado con su polluelo. Entonces Gilgamesh mató a la serpiente y talo el árbol, de modo que Anzu huyó con su polluelo a las montañas y Lilith destruyó su casa y voló a las tierras salvajes y deshabitadas. Igual que, según las escrituras hebreas, también se fue volando del Eden porque ya no soportaba a Adán, ya que no estaba de acuerdo con sus pretensiones de dominio hacia ella.

Este mito puede ser el origen de las representaciones gráficas de Lilith como una bella mujer desnuda que sostiene el anillo y la vara del poder, tiene alas y muestra patas de pájaro en lugar de pies.

La Lilith mesopotámica está relacionada con la diosa Inanna (o Ishtar para los babilonios y asirios), o bien se trata de una deidad auxiliar suya, o bien se trata de un aspecto concreto y "juvenil" de la propia Inanna. Imagen: ‘La Reina de la Noche’, tablilla de terracota, Museo Británico.

En el Talmud babilónico, Lilith es descrita como un espíritu oscuro con un incontrolable y peligroso apetito sexual. Se dice es la madre de cientos de demonios producto de haberse fertilizado a sí misma con esperma de hombre.

Hititas, egipcios, griegos, y romanos la conocían igualmente. En tiempos posteriores, migró al norte de Europa, donde fue relacionada con el caos, la sexualidad y la magia. Su leyenda también se mezcla con las primeras historias sobre vampiros.


La primera mujer que dijo NO

El origen de la leyenda que presenta a Lilith como primera mujer se encuentra en una interpretación rabínica de Génesis 1, 27. Antes de explicar que Yahvé dio a Adán una esposa llamada Eva, formada a partir de su costilla, el texto dice: "Creó, pues, Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y mujer los creó". Si bien hoy suele interpretarse esto como un mismo hecho explicado dos veces, otra interpretación posible es que Dios creó en primer lugar una mujer a imagen suya, formada al mismo tiempo que Adán, y sólo más tarde creó de la costilla de Adán a Eva.

‘Lilith’ (1892), por John Collier.

El Génesis Rabba, midrás sobre el libro del Génesis, recopilado en el siglo V en Palestina, señala que Eva no existía todavía en el sexto día de la Creación. Entonces Yahvé había dispuesto que Adán diese nombre a todas las bestias, aves y otros seres vivientes. Cuando desfilaron ante él en parejas, macho y hembra, Adán —que ya era un hombre de veinte años— sintió celos de su amor, y aunque copuló con cada hembra por turnos, no encontró satisfacción en el acto. Por ello exclamó: "¡Todas las criaturas tienen la pareja apropiada, menos yo!", y rogó al Dios que remediara esa injusticia.

Según el Yalqut Reubeni, colección de comentarios cabalísticos acerca del Pentateuco, recopilada por R. Reuben ben Hoshke Cohen (muerto en 1673) en Praga:

Yahvé formó entonces a Lilith, la primera mujer, del mismo modo que había formado a Adán. De la unión de Adán con esta hembra, y con otra parecida llamada Naamá, hermana de Tubalcaín, nacieron Asmodeo e innumerables demonios que todavía atormentan a la humanidad. Muchas generaciones después, Lilith y Naamá se presentaron ante el tribunal de Salomón disfrazadas como rameras de Jerusalén.

Adán y Lilith nunca hallaron armonía juntos, pues cuando él deseaba tener relaciones sexuales con ella, Lilith se sentía ofendida por la postura acostada que él le exigía. "¿Por qué he de acostarme debajo de ti? —preguntaba—: yo también fui hecha con polvo, y por lo tanto soy tu igual". Como Adán trató de obligarla a obedecer, Lilith, encolerizada, pronunció el nombre mágico de Dios, se elevó por los aires y lo abandonó.

Saliendo del Edén fue a dar a las orillas del Mar Rojo (hogar de muchos demonios). Allí se entregó a la lujuria con éstos, dando a luz a los lilim. Cuando tres ángeles de Dios fueron a buscarla (Snvi, Snsvi y Smnglof), ella se negó. El cielo la castigó haciendo que muriesen cien de sus hijos al día. Desde entonces las tradiciones judías medievales dicen que ella intenta vengarse matando a los niños menores de ocho días, incircuncisos.

El novelista italiano de origen judío Primo Levi pone en boca de uno de sus personajes esta visión de Lilith:

A ella le gusta mucho el semen del hombre, y anda siempre al acecho de ver a dónde ha podido caer (generalmente en las sábanas). Todo el semen que no acaba en el único lugar consentido, es decir, dentro de la matriz de la esposa, es suyo: todo el semen que ha desperdiciado el hombre a lo largo de su vida, ya sea en sueños, o por vicio o adulterio. Te harás una idea de lo mucho que recibe: por eso está siempre preñada y no hace más que parir.

Lilith y Lamia

En la mitología griega, Lamia era una princesa amante de Zeus, con el que tuvo numerosos hijos. Hera, la celosa esposa de Zeus, no podía vengarse de su marido, por lo que toda su ira la destinaba a las amantes del Dios de dioses, y Lamia no sería la excepción.

Hera castigó a Lamia con la muerte de todos sus hijos a excepción de Esquila. La muerte de toda la descendencia de Lamia nos rememora una parte de la maldición que conlleva el abandono de Adán por parte de Lilith.

Lamia sentía envidia de las otras madres y devoraba a sus hijos. Tenía el cuerpo de una serpiente y los pechos y la cabeza de una mujer.

Lamia sufrió además la perdida de su belleza —cosa que no le pasa a Lilith— y experimentó una transformación monstruosa que la convierte en un ser de aspecto reptiliano pero conservando su hermosa cabeza de mujer. Desde entonces, actuando por las noches, y en venganza por el asesinato de sus hijos, secuestra y mata a recién nacidos. Lo cual es otro de los rasgos que se le atribuirán a la Lilith hebrea ya convertida en demonio de la noche.

Un icono para neopaganos y feministas

Hoy en día, Lilith se ha convertido en un símbolo de libertad para muchos grupos feministas y religiones neopaganas como la Wicca.

La "demonia" tiene apetitos sexuales, se va a la cama con quien le place y nadie la posee. Personifica el goce de la sexualidad sin animo de procreación —otra de las de las prohibiciones habituales en contra de las mujeres en casi todas las culturas—. No es tierna, no es dependiente, no busca el amor sino el sexo. Por ello puede enloquecer a los hombres como una "femme-fatale".

‘Lady Lilith’, por Dante Gabriel Rossetti.

En su verdadero origen, Lilith es el espíritu del viento, representa a una doncella alada de gran belleza, cuya función era conducir a los hombres al templo de Ishtar para celebrar los ritos sexuales con las sacerdotisas vírgenes. La llegada del patriarcado puso fin estos ritos paganos celebrados en el templo de la Diosa, eliminando así la fuente principal del poder femenino, al considerarlos como algo digno de ser temido por su influencia sobre los hombres, y que por lo tanto debía mantenerse bajo control.

De ese modo, la sexualidad femenina se convirtió en algo diabólico. Lilith, de un espíritu del viento libertario pasó a ser un demonio alado. Pero sus alas son uno de sus atributos más importantes, gracias a ellas jamás puede ser atrapada.

Personifica ese aspecto de lo femenino que no puede ser sometido por nada ni por nadie, porque es libre, y esto es algo que queda reflejado en todos los mitos en los que aparece.

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