Nuestro Ser Interior Es Quietud



Cuando uno decide no hacerse preguntas, comprende la unidad en la que estamos. Empieza a superar la percepción de uno mismo como una persona, empieza a ver consciencia y no mi consciencia. Cuando todo esto acontece las preguntas van desapareciendo. Eso si, cuando vuelvo a la matriz holográfica, la vida esta llena de estímulos, llena de impactos y circunstancias. Cuando paseamos o vemos el tráfico, hay multitud de estímulos y circunstancias.

Ante todo eso, nunca olvidar que hay un presente sagrado, que hay un momento que es un instante sagrado, de nuestro ser interior. Si en ese instante sagrado de libertad, donde soy consciente de mi ser interior, mi actitud es amorosa, es con la actitud que respondo al estímulo.

Vivimos en un mundo que esas aptitudes forjan emociones, pensamientos que nos llevan a hacer acciones. Las acciones terminan siendo repetitivas y se convierten en hábitos, y éstos forjan nuestro carácter y la visión del mundo, de las cosas de la vida y de la muerte. Pero hay un momento sagrado, que es nuestro que nadie nos puede quitar. En ese momento sagrado es en el que decidimos si respondemos al estímulo, en consonancia a lo que somos o a lo que no somos.

Cuando uno repasa textos sagrados muy antiguos, algo que en la ciencia actual está muy presente, a la hora de analizar determinados términos científicos o astrofísicos, ese juego quietud y movimiento. Incluso el mismo tema del Big Bang, es un modelo basado en eso. Se nos dice que todo, la pauta de la creación y del cosmos, es quietud y movimiento.

Posiblemente el ser uno que somos nosotros, sea quietud, transparencia, paz, simplicidad, una omnipotencia de no necesitar nada ni querer nada, en fin, la alegría de la felicidad plena. Pero la quietud genera movimientos, por ejemplo al meditar o como cada cual lo quiera llamar, se mueven muchas cosas, porque la quietud intrínsecamente es movimiento.

Nuestro ser interior es quietud, al algo que no necesita saberes, ni deberes, ni quereres, ni quehaceres, que lo tiene todo y es absolutamente feliz. Esta dispuesto a dar todo por su simplicidad y transparencia, eso es lo que somos. Pero claro, estamos aquí por algo, dicho directamente, porque nos ha dado la gana. Somos seres maravillosos y divinales, nuestra esencia es la quietud pero estamos aquí, en la tercera dimensión o como cada cual quiera llamarlo, para desplegar el movimiento.



Estamos aquí para que la realidad co-creada se llene del movimiento de la quietud, es decir, para traer el cielo a la tierra. Para traer lo que tengo dentro y convertir la quietud en un movimiento haciendo de la Tierra un paraíso. Un vergel de experiencias que de verdad se llene de emociones, como ha explicado Rafael.

Para eso estamos aquí. Somos jardineros voluntarios de la realidad para que nuestra quietud divinal, llene y transforme de forma armoniosa esta realidad. En la matriz holográfica hay que moverse, o si no, no estamos aquí. Pero vamos a movernos con el movimiento que genera nuestra quietud. El movimiento que genera nuestro ser interior. Lo que ha pasado hasta ahora con la humanidad, es que el movimiento que ha ido generando, no es el movimiento de la quietud, sino del movimiento del movimiento. No es el resplandor de lo que somos.

En estos preciosos momentos en los que se están cayendo todos los velos, donde basta con mirar para ver, en estos momentos dulces que estamos compartiendo porque tenemos el privilegio de compartirlo, lo único que nos corresponde es movernos en una matriz holográfica y ya sabemos lo que es, movernos pero siempre con un movimiento que sea el resplandor de nuestra esencia divina, de nuestra quietud.

Esto que estoy diciendo de manera muy solemne y que a algunos les puede parecer una tarea hercúlea, es lo que consciente o inconscientemente, lo están haciendo millones y cientos de millones de seres humanos, que viven una vida sencilla, que están desarrollando su actividad familiar y laboral, compartiendo con sus amigos, y de forma natural les sale la frecuencia de amor. Yo sé, que todos los que estamos aquí, o lo hemos conseguido o estamos en el intento, pero al final es algo tan simple como mirarse hacia dentro y sacar a la luz, la luz que somos.

Por Emilio Carrillo
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